¡Qué bello bolero de mi lejana mocedad!
Y cómo bullía mi ser al escucharlo. Las
fibras de mi corazón rielaban como luciérnagas
de verano ávidas de la lluvia… Lo escuchaba
con éxtasis, con profundos suspiros y por los
arrecifes de mi alma juvenil se desgajaba la
esperanza de hacerlo realidad.
Mas han pasado los años con su marcha
Inclemente pero pausada… Y el sublime ideal
de ese esperanzador poema que nutrió mi alma
de multicolores fantasías se fue diluyendo,
lentamente al compás del tiempo. Y los cantos
de sirena y las caricias febriles y las miradas
comprensivas no surgieron ni siquiera entre
brumas o una sombría lontananza.
¡Oh, maravilloso bolero, por qué fuiste
tan frustráneo! ¿Por qué irrigaste mi alma
de vanas ilusiones?

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