Estos libros que hoy beben mi sangre
son el vagón siniestro de mis viajes;
son minúsculos agujeros negros,
pieles vivas que se transforman.

Estos borbotones de sílabas
confesas ante ojos hambrientos
son fardos de historias punzantes
que florecen en mis manos.

Este montón de hojas desafiantes
es una cantera de tonos exactos,
de silencios pletóricos que abrasan
y aniquilan toda pulsión de muerte.

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